jueves, 18 de septiembre de 2008

Hace poco más de un mes, celebré mi cuarenta y ocho cumpleaños y quizás éste sea el instante de tratar de plasmar de alguna forma mis sentimientos, mis impresiones y mis sensaciones ante un nuevo período de mi vida, de tal forma que, de alguna manera esto constituya un ejercicio fundamentalmente de higiene mental.
No se que resultará de ésta idea y de ésta intención, pero creo que tengo la necesidad de sacar a la luz, como cuando hacemos limpieza de esos cuartos adormecidos por su falta de uso, esa intimidad que quiere aflroar por algún sitio. No pretendo realizar una obra literaria, ni tampoco un diario al modo clásico, sino quizas, al menos esa es mi intención, expresar los sentimientos que vayan aflorando en este tramo del viaje vital, y de esa forma construir el relato de una experiencia vital, que, como he dicho anteriormente, sirva, no tanto de balance de lo vivido, sino como instrumento de expresión de los sentimientos que me genera el resto de la vida que me queda por vivir.
Como en los libros de viaje, quizás el viajero no sea lo más importante de los mismos, sino los paisajes, en este caso vitales, tanto los pasados que acudan a mi memoria y por los que rezuman los recuerdos de lo vivido, como los que se me presentarán en el devenir sucesivo de mi existencia, con su segura carga de sensaciones que iré descubriendo a medida que se vayan presentando.
¿El instrumento?. Pues las sensaciones y pensamientos que me surjan en el intento de ir recobrando una forma física pérdida de forma alarmante en los últimos meses, intento que voy a materializar con la decisión de correr.