jueves, 18 de septiembre de 2008

Hecha la presentación de intenciones, he de manifestar que hoy he comentazo a correr. Bueno, lo que se dice correr toadavía no. Aún me falta bastante tiempo para recuperar la forma que tenía hace un par de años, momento en el cual podía correr mas de una hora, con cierta comodidad.
Para ser sinceros, he de reconocer que por donde hoy he comenzado, ha sido por realizar una rutina de marcha rápida, combinada con períodos de carrera lenta, de cinco minutos aproximadamente cada uno de ellos. Pero las sensaciones en su conjunto han sido buenas, agradables. La temperatura era perfecta esta mañana para hacer ejercicio.
Necesito volver a realizar esfuerzos físicos. Me he abandonado y eso, desgraciadamente se paga. No ya solo por el hecho físico de la opresión que te producen los pantalones en tu cintura, con lo incómodo y desagrable que ello resulta, sino más bien, porque esa concreta y limitada actividad física, supone un pequeño reto a superar cada día, y esa pequeña mortificación es el preludio de un estado de relajación posterior muy agradable.
He salido de casa a las siete y cuarto de la mañana, cuando mi ciudad comienza a despertar. Recorrer sus calles, alternando parques con avenidas ha sido muy placentero.
Aislado con mi mp3, al poco rato he comenzado a sudar. La boca se me ha secado, pero he seguido avanzando. A mi ritmo. Ha sido un momento de soledad completa. De aislamiento y esfuerzo. Ha sido un espacio de tiempor en el que no he pensado. Me he limitado a sentir, a estar alerta a las sensaciones de mi cuerpo a las que, poco a poco me he ido acostumbando nuevamente porque, ciertamente las tenía olvidadas.
He sufrido. Claro que he sufrido, pero me he esforzado, me he marcado un tiempo de carrera y al finalizarlo he sentido que lograba, al menos para mi fuero interno, un triunfo.
Me he ido cruzando con la gente que salía de sus casas. Me he cruzado también con otros que también corrían, que también sufrían y que también disfrutaban de esos momentos de aislamiento y soledad.
Poco a poco, esa sensación de sufrimiento, ha ido desapareciendo y ha sido sustituida por una sensación de cansancio que, poco a poco ha invadido tu cuerpo y tus sentidos.
Pero era un cansancio reparador, agradable que se ha ido incrementando a medida que me acercaba al final de mi recorrido. Y finalmente, lo he conseguido.
Por un lado me he sentido aliviado por llegar, más o menos cómodo al final. Por otro, he sentido desasosiego. desasosiego producido por tener que salir de esa burbuja temporal que durante la carrera me he construido, y ello, me ha molestado.
Terminé el recorrido, estiré y subí a casa.
La ducha caliente ha sido mi recompensa y he disfrutado de esos minutos en los que el agua me ha empapado y me ha regenerado. Me he vestido, he desayunado con M.J. y me he ido al trabajo, a enfrentarme otra vez y como todos, a esos frentes abiertos de mi vida.
Mis musculos han estado relajados y mi mente más despierta.
Mañana volveré a correr. Es mi hora de aislamiento. La hora de encontrarme conmigo mismo. Y el camino, la carretera, las calles estarán ahi, esperándome, fieles a su cita, obligándote a asumir ese pequeño reto de vencer la distancia, el cual aceptaré y lo afrontaré en la confianza de que, lo voy a conseguir y lo que es mas importante, lo voy a disfrutar.