martes, 10 de febrero de 2009

VIENTO


Cuan generosa es en muchas ocasiones la naturaleza, con el regalo de la brisa que refresca las tardes de verano, o con ese viento constante que permite navegar o disfrutar haciendo volar una cometa.... pero que duro es correr cuando lo haces enfrentándote a violentas o intensas ráfagas de aire. Cuando por momentos, ese aire te empuja por la espalda, haciendo que de alguna manera tu carrera sea mas rápida, teniendo la misma sensación que si fueras uno de esos veleros de la "Volvo Ocean Race".
En otros instantes, el viento juega contigo, te toma el pelo. Aparece y desaparece. Se para o resurge retador. Y finalmente, cuando quiere llevarte la contraria, se enfrenta a ti de forma despiadada, impidiéndote seguir tu ritmo y obligándote a redoblar esfuerzos en esos momentos en los que tus fuerzas ya están muy justas.
Esa fue mi experiencia de ayer. Efectivamente los hombres del tiempo acertaron plenamente cuando auguraron que en la tarde noche de ayer los vientos que precederían a una nueva borrasca llegarían a esta zona cantábrica con notable intensidad.
Y en medio de esa arribada, ahí estaba yo intentando realizar mi entreno. Entrenamiento que se convirtió en una dura lucha contra Eolo, que ayer si que tenía ganas de jugar. Vamos, que venía el tipo con el espíritu travieso. Me lo encontré en las esquinas tras las cuales se había escondido como niño juguetón, para aparecer sorpresivamente en forma de ráfaga intensa justo en el momento en que yo las doblaba. Otras veces, me empujaba por la espalda o venía de frente en la larga Avenida de Atenas, zona de cuesta, frenando de forma prácticamente absoluta mi marcha.
En definitiva, él se lo paso muy bien. Yo no tanto.
Siempre he leído la influencia que en las pruebas atléticas tiene la presencia o no del viento, pero ayer lo comprobé en mis propias carnes. Como te obliga a una pelea, digamos que añadida al natural esfuerzo de la carrera. Y la única conclusión a la que he llegado es que terminas francamente agotado. Creo que fue como si hubiera recorrido tres o cuatro kilómetros más de los que realmente cubrí. Y terminé cansado.
Pero terminé. Si, en algo más de tiempo que lo que estaba previsto inicialmente. Pero hice el recorrido y cumplí con el entreno. De alguna manera me sentía vencedor al final. Pero eso no era mas que una personal impresión, un simple espejismo. Porque el viento, hizo lo que él quiso. Tan es así, que justo en el momento en que llegue al final, el viento me hizo su última broma: desapareció.

Lunes: 8,640 42 minutos

3 comentarios:

Tefii..* dijo...

cosa extraña es el viento, lo unico que no puedo entender es por que sera que todos odian el viento sonda y yo lo disfruto taaanto. besito y espero que la proxima el viento no te juegue esas malas pasadas.

Sylvie dijo...

Bueno, igual es lo que sentiste tú solo por el hecho de haber terminado (mira que da rabia sentir eso!!!)...pero fijo que no dejó de soplar tan fácilmente...

vaya rollo de invierno, de verdad!!!

besitos.

SAUVIGNONA dijo...

amigo betren!
bueno es como tu dices algunos les resulta placentera la brisa en eun velero de esos a todo trapo de la ocean no se que.....pero a algunso como nosotros las brisitas en la cara corriendo ...o lo golpes de este sr. viento tambien resultan placenteros...son cosas de la natura...hay que aprovecharlas...siempre digo que llegaremos en el mundo a la instancia esaq donde se nos cobre el aire....

besines y sigue adelante!
besines
:)sau