lunes, 11 de mayo de 2009

DOLOR




Hace una semana en la que el transito vital de todos los que te rodeábamos, se vio alterado de forma brutal, impactante y definitiva por la noticia de tu partida hacia el viaje definitivo. Y fue en ese momento, en el que aquel dolor, el más intenso, el más desgarrador se apropio de nuestros sentimientos, sumiéndonos en un pozo del que ahora, poco a poco, día a día vamos a tener que intentar salir de el.
El alma encogida, el ahogo, la opresión en nuestro pecho y sobre todo el inconsolable sentimiento de ausencia nos dominaron, nos aturdieron y nos golpearon de forma inmisericorde y nos obligaron a preguntarnos de forma constante, reiterada, repetitiva e inútil, el porque.
Te fuiste y a nosotros, a todos los que te queríamos, nos dejaste el vacío de tu ausencia, el vacío de tu mirada inocente y cálida tras los cristales de tus gafas perennes, de tu sonrisa franca y sobre todo nos dejaste la ausencia de tu bonhomía.
Te has ido y ya no podré compartir contigo en la mesa de la cocina de tu casa unas copas de pacharan y una charla amena y divertida hasta la madrugada. Nadie me escuchara. Nadie soportará mis monólogos con la paciencia de la que hacías gala. Pero también ten por seguro que nadie podrá ocupar ese espacio que el amigo siempre deja. Porqué tu eras mi amigo. Eras mi mejor mejor amigo. Y lo eras porque cultivamos la amistad en el mejor momento en el que ésta puede surgir. En ese en el que, se es consciente de la construcción invisible de ese edificio cálido y acogedor que es la amistad. Me abriste, nos abriste no solo las puertas de tu casa, sino las puertas de tu familia, de tu entorno, de tu ser. Siempre lo sentimos como propio. Siempre estuvimos a gusto. Siempre estuvimos cómodos.
Eramos diferentes, pero en esa diferencia, había un mínimo común denominador que permitía que esa amistad fuera creciendo cada día desde que nos conocimos y ello de una forma sutil, imperceptible apenas, pero constante a lo largo de estos últimos años. Había respeto y había aprecio.
En esta edad, en la que la vida ya nos ha enseñado sus garras como sus caricias yo al menos paladeaba, como un buen vino, los momentos en común. Todas esas mañanas de sábado y domingo, esos viajes compartidos, tantas sensaciones, tantos recuerdos.....
Han pasado unos días desde que te fuiste, y no nos lo creemos. No nos lo queremos creer. Aún confío, aún confiamos todos, en verte aparecer por la puerta, con aquél aire de despiste y siempre con las ganas de compartir y de alargar los buenos momentos.
Es cierto que en la vida, hay buenas personas. A veces, es difícil encontralos. Pero yo tuve esa gran suerte. Encontre en a la que sin duda y sin temor alguno a equivocarme era la mejor persona que he conocido.
Por eso, cuando la brutalidad de la sorpresa comienza a amainar y el dolor se convierte en mas sereno pero no por ello menos intenso, son en esos recuerdos que conscientemente quiero ir acumulando en los que me voy a refugiar y dejar que la angustia vaya dejando paso, poco a poco a la tristeza, a la añoranza y a la serena contemplación de ese vacio, con la certeza y seguridad de que nunca, nadie lo va a ocupar.
Y es en ese momento en el que, lo único que puedo pensar es en desearte una buena singladura y decirte: ¡ Hasta siempre Amigo!.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

HUY BETREN QUE PASO...

TE DEJO UN BESITO Y ANIMO!
:o
SAUVIGNONA

Commedia dijo...

Hermoso homenaje a la memoria de un amigo. Ánimo Betren.

Anónimo dijo...

hola betren amigo mio paso para ver como estas...y a dejarte un besin de esoso que levantan los animos
muacks!!!!!!

SAU :D

Covadonga dijo...

Quiero darte las gracias por esta despedida tan sincera, tan triste y tan tierna. Tengo que hacerlo aquí, porque no creo que pudiera hacerlo de palabra; mi angustia, mi nudo y mi tristeza se me atragantan todavía hoy. Y tengo que darte las gracias también porque después de semanas de tener este nudo oprimiéndome y atenazándome, ayer por fín leyendo esto pude llorar. Un beso.