jueves, 23 de octubre de 2008

¡ QUE DURO !

Hoy, según mi plan de entrenamiento, me tocaban treinta minutos de carrera, así que a la hora habitual, a eso de las siete y cuarto de la mañana, me he puesto a ello. Nada más salir de casa, la sensación de frío era importante. Un termómetro cercano, marcaba los 5 grados centígrados, y una densa y fria niebla invadía la ciudad. He iniciado la marcha, y aun cuando en su conjunto las sensaciones físicas,han sido buenas, no se si por la intensidad del trabajo de estos últimos días, y por una serie de situaciones bastante estresantes en las que en los últimos tres días pasados me he visto inmerso, mentalmente no corría en buenas condiciones.
Así pues, he decidido variar mi recorrido, y ello con la intención de no agobiarme y de despejar mi cabeza, gracias al esfuerzo y al frio.
Y he ido improvisando el recorrido en función de lo que me iba encontrando. La verdad es que ha sido divertido el correr a esas horas, descubriendo nuevos sitios por donde trotar con cierta tranquilidad, alejado de las calles más transitadas a esas horas, en la placidez de los parques que a esa primera hora, siempre están solitarios. He descubierto una nueva perspectiva de alguno de los monumentos prerrománicos de mi ciudad. He ido descubriendo zancada a zancada nuevos parques y jardines por donde correr. Y a medida que iba avanzando, notando que mi ritmo era constante y cómodo, esa pesadez mental que inicialmente me lastraba como una losa, ha ido despareciendo. He notado como mi paso, cada vez era más amplio, más eficaz y sobre todo más constante, los que me ha permitido adquirir un ritmo un poco más rápido, pero absolutamente asumible.
Al final, y tras medirlo gracias a Google, resulta que he trazado un nuevo circuito de casi cinco kilómetros, habiendo invertido en recorrerlo un tiempo de 35 minutos, lo cual creo que no ha estado nada mal.
Abrazado por el frio, he estirado en el lugar de costumbre y he subido a casa, a reconfortarme con la ducha caliente. Me encontraba mucho mejor y más despejado. Todo ello, confirma aquel principio de que, si los comienzos son duros, los finales son mejores. Y es cierto, pero ha sido duro el comenzar.
Y también me ha corroborado, como el hecho de correr, el asumir el reto de esta solos sin más compañía que nosostros mismos, la soledad en la que estamos inmersos durante la carrera, nos ayuda a relativizar todo cuanto nos rodea, olvidar las mezquindades y los comportamientos poco éticos de algunos en los que quizás alguna vez hemos confiado y nos ayuda a tener la mente más clara. Y eso, en estos tiempos que corren, en los que parece que nadie se atreve a enfrentarse a su propia soledad, se agradece y lo que es más importante, creo que nos refuerza espiritualmente.
Mañana me toca descanso. El Sábado me espera una salida de sesenta minutos. Un nuevo reto. Ya tengo claro por donde va a discurrir mi marcha, y espero con ansiedad el inicio de esa ruta.
P.D.: A partir de hoy, iré reflejando en ésta bitácora, las distancias y los tiempos invertidos.
Hoy: Distancia : 4.738 metros
Tiempo: 35 minutos