jueves, 16 de octubre de 2008

SERIES

Hoy me tocaban series. Según mi plan de entrenamiento, hoy tenía reservadas nueve series de quinientos metros cada una y que debía de alternar con un minuto de recuperación entra cada una de ellas, series claro esta que tenía que realizar a un ritmo más alto que el que vengo empleando en los rodajes.
He de señalar que era la primera vez que las realizaba, pues nunca antes me había hecho una planificación para mis actividades deportivas.
Así que, con toda mi buena voluntad y a eso de las siete y cuarto de la mañana, me dirigía al circuito que me he buscado para estos menesteres. Tras un leve calentamiento, inicie las series previstas.
La verdad es que, en conjunto, me ha resultado bastante más duro de lo que pensaba. Las tres primeras series las he realizado de forma bastante cómoda, con un ritmo más alto de lo que pretendía. Pero el segundo tercio ha sido duro. A un cierto bajón físico que se manifestó con un descenso del ritmo de la serie, quizás por haberme confiado en las anteriores, se ha añadido un importante esfuerzo mental.
Mucho hemos oído o leído acerca del famoso "muro" que los maratonianos suelen encontrarse alrededor del kilómetro treínta de la prueba, y como es necesaria para su superación, una extraordinaria fortaleza mental para superarlo, siendo ese, entre otros, una de las principales cualidades que diferencian a esos maratonianos del resto de los atletas.
Salvando, y nunca mejor dicho, las kilométricas diferencias que me separan, no ya de aquellos sino de cualquier corredor por modesto que éste sea, hoy me he topado con mi "muro".
La cuenta atrás del número de series que me quedaban por realizar, no solo se hizo interminable, sino que cada serie se hizo eterna, inacabable.
Resoplando y a duras penas, sufriendo cada zancada, he conseguido superar ese fatídico segundo tercio de series y sorprendentemente las tres ultimas de las previstas las he realizado con cierta comodidad, terminando el entreno relativamente fresco.
He superado mi primer muro y por eso estoy francamente satisfecho. Además, no se porqué, hoy me ha constado mucho menos levantarme de la cama y salir a correr.
Sigo descubriendo, cada día, la placentera sensación de correr en solitario, de conseguir cada pequeña meta que me supone cada zancada que doy. Sigo descubriendo el disfrute de llegar a casa, sudando pero reconfortado física y mentalmente.
Mucho había leído sobre la adicción que genera la carretera a todo aquél que en un momento determinado de su vida, decide correr. Es cierto, a pesar de lo duro que supone el iniciar esta actividad. Cada día que pasa, necesito más el correr. Mas necesito ese placentero sufrimiento que es la carrera en solitario.
Hoy además, como regalo, la báscula me dicho que pero ochenta y cuatro kilos, esto es cuatro menos de los que pesaba cuando comencé a correr hace ya casi un mes.
Mañana me toca descanso, pero pasado mañana afrontaré nuevamente mi muro, que me estará esperando y que confío en volver a superar.