lunes, 10 de noviembre de 2008

MOMENTOS DECISIVOS

"El secreto del éxito a menudo lo publican quienes jamás lo alcanzaron"
(Michel Achard)

A lo largo de mi vida, supongo que como en la de todos, he ido acumulando un bagaje importante de momentos decisivos que han marcado notablemente mi tránsito vital. Momentos duros, momentos felices, éxitos, fracasos, encuentros, desencuentros, abandonos, momentos y circunstancias que, en definitiva siempre han significado un importante cambio de rumbo, o la modificación de tu escala de valores y prioridades.
Y el sábado pasado ha sido uno de ellos. Ha sido un momento decisivo en el que me he fijado una nueva meta, un nuevo objetivo. Cuando cumpla los cincuenta años quiero correr un maratón. Mejor dicho, quiero terminar un maratón. ¿El sueño? Correr la maratón de Nueva York. El término para ello, dos años. Si, ya se que en principio suena como un reto absolutamente exagerado, quizás gigantesco para una persona que como yo y a mi edad está en pañales en esto del correr.
Pero el pasado sábado, durante la salida larga que me tocaba en el plan de entrenamiento, la primera vez en la que me enfrentaba a ese tiempo y a la distancia fijada en el plan. En esa soledad de la hora y media que tenía por correr, en esos tramos interminables, rectos por los que avance y por los que sufrí, en esa inmensidad que para mi supusieron los quince kilómetros que corrí, tuve la sensación agradable de superarme, de dominar mi miedo, mi cansancio y mi dolor tanto físico como mental y fue en ese preciso momento, en el que me fije el reto.
La verdad es que en ningún momento creí que fuera poseedor de una capacidad de autoconvencimiento, de autocontrol, de sacrificio, sufrimiento y de superación como la que experimenté el sábado.
Casi puedo decir que fue como una experiencia mística. El descubrir que cuando crees sentir que todas tus fuerzas, están a punto de agotarse, cuando crees que vas a llegar al límite de tu capacidad de sufrimiento, siempre aparecen las reservas. Sorprendentemente descubres que sí, que todavía puedes, que todavía tienes energía para seguir, que no te doblegas a la tentación de parar, sino que tu cabeza y tu corazón de indican que si que puedes. Te repiten machaconamente, como si fuera un mantra que puedes seguir, que puedes llegar, que vas a vencer a la carretera, que vas a conseguir tu reto. Y ello aunque te duelan las plantas de los pies, que te queman, aunque el sudor te vaya empapando la frente y entrando en los ojos, aunque tengas los labios secos y blanquecinos por la saliva adherida a sus contornos, aun cuando el paladar y la lengua sean como un estropajo, a pesar de que tu mirada busque desesperadamente un punto de referencia en el que fijar tu mente. Al final puedes vencerte a tí mismo.
A pesar de todo eso, llevas tu cuerpo al límite y llegas. Y al llegar experimentas la satisfacción, el orgullo de haber superado el trance, levantas los brazos, respiras, doblas tu cuerpo, todos tus músculos te duelen, pero disfrutas del momento, disfrutas de tu cansancio y disfrutas de las bromas de los amigos incrédulos que te miran como si estuvieras loco. No saben lo que se pierden, aun cuando tus piernas parezcan dos troncos de madera, aun cuando necesites dos litros de agua para recuperar tu nivel, aún cuando no puedas con tu alma, sientes que has triunfado, y ese triunfo es tuyo, solamente tuyo, íntimamente tuyo. La recompensa al esfuerzo, la mirada incredula de mi hija, la mejor de las medallas y la sonrisa pícara de M.J. , el mejor de los laureles.
Luego, el disfrute con la familia y los amigos, las risas y por la tarde el descanso, el sueño el confort, en el convencimiento de que, definitivamente el sábado por la mañana, fue un momento decisivo.

P.D.: Ale, M.J., va por vosotras.

Jueves : 5,300 Km 35 minutos
Sábado : 14,750 Km 1 Hora y 20 minutos
Domingo: 6,790 km 35 minutos
Lunes: 6,200 Km 30 minutos